Vivimos una vida apresurada, en tiempos en los que somos más producto del ambiente que lo que influímos realmente en él. Si somos mamás primerizas, o incluso cuando ya tenemos uno o varios hijos, la llegada de un nuevo bebé siempre despierta nuevas interrogantes. Y siempre habrá alguien listo para responderlas, alguien que "sabe" qué decir. Así que por un lado, entre un consejo y otro, todos bien intencionados, y la mercadotecnia y publicidad que nos somete todo el día por otro, de pronto nos vemos confundidas sobre las decisiones que tomamos en torno al cuidado de nuestros hijos.
La información abunda, fuera y dentro de casa, en la familia o con los vecinos y si no me lo cree, aproveche ahora que está conectada a internet y consulte algún tema que le ha traído dudas.... se sorprenderá con todo lo que puede encontrar.
Yo sólo quiero dejarle una cuantas líneas, con algunos tips breves sobre nutrición en niños. Si es una mamá primeriza, guárdelos por ahí y revíselos cuando le sobrevengan dudas. Obvio está, no deje de consultar sus inquietudes con su pediatra, él o ella, es la persona más indicada para ahondar en los consejos para su bebé.
-La lactancia es el MEJOR alimento durante los primeros 4 a 6 meses de vida.
-En los niños alimentados con fórmula, cuidar el no sobre-alimentarlos: el biberón no es un "estate-quieto" ni un tranquilizante... habrá que atender el llanto del niño y aprender a reconocer cuando realmente es hambre.
-Se debe alimentar a los niños cuando tienen hambre, los horarios fijos como el clásico "cada 3 horas" ni tienen fundamento, ni se adecúan a las verdaderas necesidades del niño, si bien parecen acomodarse a las de los padres...
-Después de los 6 meses de edad, el bebé NO TIENE POR QUÉ comer en la madrugada.
- A menos de que se necesite espesar los líquidos, por recomendación del médico, NO SE DEBEN AÑADIR CEREALES A LOS BIBERONES CON LECHE.
-Papás, recuerden que cuando se introducen los alimentos sólidos (papillas) por primera vez, las reacciones del niño (como de disgusto o asco) obedecen más a la textura del alimento que al sabor... por lo que el "no le gusta tal o cual cosa" a esta edad, no es precisamente cierto y debemos insistir, sin forzarlo para que pruebe de todo.
-A la edad de 9 a 11 meses la alimentación del niño ya empieza a demostrar aquélla de los padres, por lo que ¡OJO! si el niño no está teniendo una dieta balanceada, debemos fijarnos que es lo que se come en casa y actuar ya, porque de no hacer modificaciones, seguramente el bebé no llevará un buen regimen cuando crezca...
-A la edad de 12 a 15 meses el niño debe estar integrado a la dieta familiar.
- Un niño entre 1 y 3 años debe de tener 3 tiempos de alimentos balanceados y 2 snacks nutritivos. Una ración es "aproximadamente" el puño de su mano. Consultarlo con su pediatra.
- Finalmente, cualquier persona en el ambiente del niño, obviamente y principalmente los padres, son los modelos a seguir, que imitará durante un largo tiempo, si no es que toda la vida!!!
Enhorabuena!!! Ir y criar hijos con amor y consciencia!! Buen fin de semana!
Mamá Pediatra.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
lunes, 29 de agosto de 2011
El cole de mis hijas...
Escribo este post sabiendo que puedo resultar crucificada, aún así lo redactaré, pues siento la necesidad de expresar mi opinión en estos tiempos de frustración y desesperanza y no sé, quizá encuentre ecos positivos en algún lector.
La semana pasada dejé a mis hijas gemelas en una "nueva" escuela, al menos para ellas. Además del cambio de lugar de estudios, ellas tuvieron que atravesar otro cambio más importante, el de separarse por primera vez y permanecer en distintas aulas. El momento fue sin duda alguna más difícil para mí que para ellas, a quienes desde la ventana de ambos salones, pude ver intercambiar sonrisas con sus nuevos compañeros.
A lo que voy con toda esta historia que parece como de novelita infantil de tres pesos, es el compartirles el por qué escogí esta institución, conocida por su alto nivel académico, su titipuchal de alumnos, y por lo que a los ojos de muchos representa un “pero”, el ser una escuela católica y en la que obviamente se habla de religión. Yo fui estudiante en esta escuela, mis padres también y ahora lo serán mis hijas. Pudiera parecer entonces que la decisión fue fácil, pero no lo fue.
En la búsqueda de colegios, pasé por varios, preguntando esto y lo otro, y hubo uno que me llamó la atención. Era una escuela totalmente laica, de grupos pequeños, con un buen nivel académico y un programa fabuloso y moderno de inglés y matemáticas. Estuve a punto de inscribirlas ahí, era y sigue siendo una excelente opción, pero al final, sentí que algo faltaba.
Me cuestioné muchas veces, cual si me fuera a casar. Dudé si “el opio del pueblo” como a veces se le ha llamado a la religión sería un factor que les pondría algo así como un bloqueo intelectual al cerebro de mis hijas. ¿Sería tal vez que la tradición familiar era más fuerte que mis deseos de darles la mejor educación? O bien, ¿estaba yo sinceramente basando mi decisión en el profundo deseo de que, además de conocimientos, aprendieran los mismos valores que aprendí yo cuando fui alumna?
Si bien es cierto que los valores se enseñan en casa, también es verdad que nuestra enseñanza puede, o no, encontrar reflejos positivos en la escuela de nuestros hijos.Por lo que elegir, cuando es posible, a donde estudiarán, debería pensarse detenidamente. Finalmente, un tanto desgastada con tantas preguntas, opté por ir a lo ya conocido, que de entrada no me desagradaba y me traía buenos recuerdos.
Cuando a cuatro días del inicio de clases, me enteré que en una ciudad al norte de mi país, un grupo de criminales atrozmente habían iniciado fuego a un centro de apuestas, lo que resultó en un gran número de personas muertas, nuevamente me puse a reflexionar. ¿Qué ha pasado con la sociedad?, ¿Qué pasó con el respeto y amor al prójimo? ¿Dónde están los padres de estos criminales y qué trato les dieron cuando fueron niños? En fin, ¿a dónde vamos a parar y qué futuro tendrán nuestros hijos?
Entonces recordé que cada vez se habla menos de Dios. Dios es entre muchos jóvenes e incluso personas de mi generación, algo así como un tema oscuro. Como si nos dieran calosfríos al mencionarlo. Es un “ente” olvidado y bastante pasado de moda. Y claro, a la Iglesia se le atribuye mucho de esto. Pero ¿cómo hemos dejado de entender que no importa la religión tanto como lo que esta profese?
Llámese Buda, Mahoma, Jesús, Dios Padre, Jehová o como a cada quien le de la gana, las grandes religiones de la humanidad siempre hablan de lo mismo: de amar, o al menos tratar al de al lado al igual que nos gustaría ser tratados y eso implica respeto y tolerancia. Pero como ser “agnóstico” o ateo es lo “in”, pues cada vez enseñamos menos esto a nuestros hijos. Y nos hemos vuelto permisivos e indiferentes ante las faltas de respeto de los demás. Y nos hemos hecho de la vista gorda ante la gente que sabemos actúa mal cuando nos conviene, porque somos tan hipócritas que en ocasiones el status pesa más que el valor de un principio o de una familia unida y así y así y así….
Así que, aunque quizá la enseñanza en una escuela religiosa pueda parecer retrógrada para algunas personas, y que aunque puede tener limitantes como cualquier otra escuela, sé que mis hijas crecerán en un ambiente en el que además de matemáticas y español, se les enseñe el ejemplo de un “ser humano” que supo dar amor, que con cuentos y fábulas les explicarán que no importa el grosor de tu bolsillo, sino el tamaño de tu espíritu y el impacto de tus acciones, que al final de cuentas, la vida real se da en escenarios grandes más incluso que el de las aulas de su escuela, en el que habrá competencia y en donde el que avanza es el que confía en sí mismo, en su fe y en lo que entrega a los demás.
Ya tendrán ellas vida y madurez para decidir si se vuelven agnósticas o ateas, o si cambian de religión, pero para cuando eso suceda, ya tendrán bien cimentados los valores tan olvidados hoy día y tan de pronto cortos en el laicismo educativo de mi país.
Escrito por
Claudia Vega
a las
11:13 p.m.
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